¿Y si nos quedamos sin internet? fragilidad y construcción humana de las redes comunicacionales en el siglo XXI

A modo de introducción

Las redes comunicacionales del siglo XXI nos llevan a establecer una premisa a todas luces verídica: vivimos en un mundo hiperconectado. Ciertamente, miles de millones de seres humanos están a un clic, un botón o una llamada de cualquier parte del mundo.

Podemos ver eventos en vivo que acontecen a miles de kilómetros de nuestros ordenadores o móviles, tener acceso a cualquier tipo de información en base una breve búsqueda en internet o acceder a cualquier contenido alojado en la web. Pero ¿qué tan seguras y humanas son las redes comunicacionales en el mundo?

La comunicación de masas es uno de los fenómenos socioculturales más significativos y vertiginosos que ha acontecido en los últimos años.

Parece una pregunta de fácil solución, algunos aventurarían que estamos en el período histórico donde más garantizada y segura es la capacidad de comunicarnos en el mundo.

Vivimos en un mundo donde la sensación de control sobre nuestras actividades y quehaceres diarios, impactan sobre la percepción de seguridad que tenemos y esto lo hacemos extensible a la tecnología que nos rodea y con la cual convivimos. Nadie duraría o cuestionaría la productividad de una máquina, la efectividad del internet para encontrar lo que buscamos, o lo seguro de los sistemas de mensajería instantánea y redes sociales.

Hacer un recorrido histórico por las viejas líneas de telégrafos, las cartas intercontinentales, las aves mensajeras o los correos humanos, donde las condiciones climáticas y el sabotaje eran una constante, podrían reafirmar el enunciado antes expuesto.

Las redes comunicacionales en el marco del desarrollo tecnológico

Lo primero es mencionar los elementos materiales que posibilitan la existencia de estas redes comunicacionales, es decir, toda la expresión tecnológica que da cuerpo, soporte y factibilidad a la transmisión de datos y comunicaciones a nivel global. El internet, la televisión y la radiodifusión, se sustentan en elementos físicos, creados por el hombre, como los cables de fibra óptica transoceánicos o los satélites comunicacionales que orbitan la tierra.

La relevancia e incidencia concreta se puede ver en los indicadores aquí descritos:

 

 

 

Mapa que señala las principales redes de fibra óptica en el mundo.

Al principio de este artículo nos preguntábamos que tan seguras son las redes comunicacionales. En el ámbito tecnológico podemos catalogarlas como vulnerables. Uno de los elementos que nos da cuenta de este evento es la reciente pérdida del internet en 6 países africanos, lo anterior producto de la avería de un cable de fibra óptica oceánico en las costas de Mauritania. O las constantes caídas de WhatsApp.

¿Cómo podría una sociedad hiperconectada sustentar su propia forma de vida y estabilidad sin la presencia de internet? Absolutamente todos los servicios tienen en algún punto de su construcción u operación la necesidad de emplear estas redes comunicacionales.

Desde los servicios bancarios y financieros, el control de las rutas aéreas, la programación y control de la frecuencia de los trenes de pasajeros, el cobro de los portales de peaje, etc.

Lo anteriormente descrito da muestras certeras de que nuestras redes comunicacionales tienen un soporte tecnológico menos seguro del que quisiéramos y que siguen estado expuestas a las condiciones climáticas, un potencial error humano o maniobras de sabotajes y desestabilización en un conflicto bélico.

Tal como las redes de fibra óptica, las comunicaciones satelitales son otro de los principales medios que sustentan un mundo globalizado.

Imágen: misistemasolar.com

Ilustración de las órbitas de satélites alrededor de la tierra. Se estima que hay cerca de 300 satélites destinados a las comunicaciones en órbita. 

Los satélites dan cobertura a aquellas zonas geográficas distanciadas o con imposibilidad de llegar vía terrestre, lógicamente esto tiene ventajas comparativas en relación a la fibra óptica, pero igualmente se ve enfrentada a riesgos que pueden dificultar e impedir su funcionamiento. El clima espacial es un fenómeno que se debe tener en consideración, atendiendo a las llamaradas solares o el viento solar como expresiones de este.

Los eventos antes descritos pueden tener efectos sobre los satélites causando daños irreparables en sus sensores, producen perturbaciones en las ondas de radio y en radares. Por tanto, imposibilitarían la mantención de las redes comunicacionales desde un punto de vista tecnológico y operativo.

Las dificultades antes descritas van desde el error humano hasta las condiciones del clima espacial, pero sin duda alguna la tecnología asociada a las comunicaciones posibilita un intercambio comercial fluido y ha sentado un precedente en relación a la instantaneidad con la que accedemos a productos, información, cultura y arte. ¿Pero bajo que lógicas se incuban este tipo de desarrollo?

Nos preguntamos si la tecnología que creamos está asociada y pensada para cubrir las necesidades de todos los seres humanos, si esta nos permite estar más cohesionados o establecer lazos de fraternidad y cooperación en tanto ampliamos nuestros horizontes tecnológicos, culturales y de conocimiento del mundo. ¿Son estas relaciones deshumanizadoras? ¿Es del todo positivo tener un nivel de dependencia tan significativo de este tipo de redes comunicacionales?

Las redes comunicacionales más allá de la tecnología

Para poner en perspectiva por que las redes comunicacionales tienen su origen más allá de la tecnología, me parece necesario vincularlas en vista del siguiente enunciado: Las redes comunicacionales son una extensión tecnológica de la humanidad.

Para comprender el impacto de las redes comunicacionales que operan hoy y el porqué son una extensión tecnológica de la humanidad, es necesario hacer una breve reconstrucción de la sociedad en la que han surgido y han cobrado sentido. Si somos capaces de hacer esto, notaremos que ambos tópicos, la expresión tecnológica y la sociedad que las construye, se pueden explicar a sí mismas y están íntimamente relacionadas. Esto nos permite visibilizar sus posibilidades y el rol histórico que tienen en nuestro desarrollo conjunto como humanidad.

Si anteriormente describíamos el soporte y desarrollo tecnológico que han posibilitado la subsistencia de estas redes comunicacionales, ahora queremos describir las relaciones humanas que median estas.

En este punto quiero hacer una analogía; hoy nos es posible y existen disciplinas que se dedican a estudiar, analizar y dar cuenta de los distintos períodos por los que el arte a atravesado a lo largo de la historia. Podremos saber, sin necesidad de ser expertos en el tema, que existen estilos renacentistas, donde predominan los cuerpos desnudos y las temáticas que muestran la relación terrenal con los dioses, el arte barroco compuesto de una épica totalmente opuesta a la del renacimiento, o en pleno siglo XX el pop art como la expresión de una sociedad con acceso a la diversidad, iconografía y bienes de consumo del mercado.

Lo anterior se debe a que aquellas expresiones de arte respondían a los criterios, gustos e influencias preponderantes. A modo de ejemplo, una sociedad donde la religión tiene altos niveles de influencia repercutirá en como las personas se relacionan, pero también en cuales son los motivos de su interés, es decir en lo que leen, pintan y construyen, por tanto, en lo que producen como cultura.  Esta misma sociedad tendrá un gobierno que, probablemente, responderá a un mandato divino y el sistema económico productivo estará en consonancia con su sistema de gobierno.

Es importante señalar que esta relación no es unidireccional, no es que solo el parangón cultural y económico determine a nuestra sociedad, también se da la inversa. Es posible movilizar a la sociedad en base a tópicos o situaciones coyunturales, en búsqueda de derechos o la falta de garantías humanas para vivir, o que un movimiento social o artístico se articulo y tenga una expresión política que busca transformar el parangón cultural y económico.

Quería hacer la anterior analogía para llegar a las redes comunicacionales de hoy y su relación con nosotros; el mundo del siglo XXI. Podemos describir a nuestra sociedad como la sociedad de la información, como la sociedad de la cultura de masas, como una sociedad hiperconectada. Y toda la tecnología que hemos desarrollado responde a lo anteriormente descrito.

Hemos moldeado nuestra tecnología a lo que la sociedad necesita, y la sociedad ha dado pautas para la construcción de otros avances. Quiero redundar en el ejemplo, si los teléfonos fueron pensados para facilitar la comunicación a distancia, la telefonía móvil fue el paso siguiente y hoy, tanto por el desarrollo tecnológico como por quienes componemos la sociedad, tenemos en nuestras manos equipos móviles que son capaces de hacer cualquier tarea.

Es por esto que el título de este apartado posicionaba a las redes comunicacionales como una extensión tecnológica de la humanidad, y en vistas de los peligros que afrontamos como humanidad es necesario dar un debate humano, ético y político sobre como afrontar las limitantes y desafíos venideros.

El debate político y humano detrás de las redes comunicacionales

Es curioso que tendamos como sociedad, a generar, incluso, en nuestras expresiones materiales y tecnológicas ideas integradoras y homogeneizadoras; hoy tenemos un teléfono, un mapa, una radio, televisión, bibliotecas y realidades, en un pequeño equipo.

Y al mismo tiempo, en un mundo que parece ir cada vez más rápido, las relaciones humanas que se gestan en él toman su misma vertiginosidad. Esto lo podemos observar en la transversalidad del consumo: estemos en Qatar, Chile o EE.UU tenemos la posibilidad de consumir y acceder a los mismos elementos, productos y aspiraciones.

Y quiero volver a la pregunta que hemos planteado al principio ¿qué tan seguras y humanas son las redes comunicacionales en el mundo? Y extender otras; ¿Es humanizador que todos queramos tener lo mismo? ¿Es humanizador concebirnos y validarnos en la instantaneidad de estas redes?

Si tenemos una sociedad que se fundamenta en el consumo y no en la fraternidad, tendremos expresiones tecnológicas que fomentan y reproducen estas lógicas. En este punto me parece que se debe plantear una nueva ética comunicacional, donde el centro de la articulación y el sentido sea el ser humano. Donde para construir progreso material, no sea necesario instalar una gigantesca antena en medio de una reserva nacional o en tierras indígenas. O incluso generar la dependencia tecnológica a la cuales están sometidas las naciones menos favorecidas en términos económicos.

Este supuesto es a todas luces refundacional.  Quizás sería sensato pensar en los valores del futuro que pretendemos establecer como humanidad.

El punto de partidas es entender que, desde un punto de vista material y tecnológico, así como también desde una dimensión humana todas nuestras redes comunicacionales son moldeables.

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